Visitar una fábrica de lanas es el sueño húmedo de cualquier tejedora. Como Charlie, pero sin chocolate, acudimos a las instalaciones de CASASOL para descubrir los procesos, los materiales, el equipo humano y la historia detrás de una de las empresas más potentes de hilados de nuestro país. Allí encontramos mucho más de lo que podíamos imaginar: técnica, historia, tradición. ¿Cómo puede una pequeña hilatura familiar situada en el medio del bosque, alejada de todo, convertirse en referente de todo lo que nos gusta en tan poco tiempo?

 

 

 

 

 

Tal vez, la respuesta, es que no ha sido en tan poco tiempo como podríamos pensar. Desde sus orígenes a comienzos de siglo, CASASOL lleva fabricando cordelería e hilados para artesanía y manualidades (macramé, industria textil y del calzado) pero también para alimentación (embutidos, etc), siendo este último su principal nicho de mercado.

A través de esa perseverancia, ese ensayo y error y ese esfuerzo continuo por satisfacer las necesidades de sus principales clientes, y gracias también a que su producción se centraliza en un entorno local,  se convierte en una empresa con una gran capacidad de innovación, de reacción rápida y producción casi instantánea.

 

 

 

 

 

Es muy curioso contemplar la diversidad de artilugios que pueblan las instalaciones de la fábrica. Además de tecnología avanzada, coexiste una vertiente más sentimental y que a nosotras nos toca la fibra de una manera más directa: la maquinaria que diseña Jordi, el patriarca, ingeniero mecánico en su juventud, en colaboración con su hijo mayor, Ramón, jefe de producción, que ha sabido retomar esa herencia y adaptarla a nuevos tiempos, realizando los mantenimientos y reparaciones necesarias para que siga vigente y en funcionamiento. Necesitamos volver a esa naturalidad con la que un tambor de lavadora, una polea usada y un circuito eléctrico se convierten, casi por arte de magia, en un artilugio capaz de cumplir su función y durar años en perfecto estado.

 

 

 

 

 

Para nosotras fue toda una experiencia acercarnos a ese entorno tan íntimo, esa producción local y familiar, que dábamos ya por perdida en nuestro país. Las principales marcas comerciales, que deslocalizan la producción sin miramientos y recurren a procesos poco sostenibles, pretenden ahora vendernos valores «eco» sin darse cuenta de que las tejedoras somos cada vez más exigentes como clientes, hemos aprendido a valorar materiales nobles como el lino, el cáñamo, etc y cada vez tenemos más interés en conocer de primera mano de dónde vienen los productos que compramos y en qué condiciones se fabrican. Es por eso que agradecemos la transparencia y el apoyo de la familia CASASOL.

 

 

 

 

Nos ponemos nostálgicas al repasar todas las fotos que no entraron en el reportaje en la versión en papel de la revista. Podríamos haber llenado páginas y páginas sólo con detalles de mecanismos, herramientas, manos trabajando, colores, e hilados. Es por eso que ahora decidimos publicar este post, para compartir todo ese material que se quedó fuera de la publicación por motivos de espacio. Para nosotras fueron días de mucha felicidad, de escapar de la rutina para sólo sacar fotos, conocer a las personas, contemplar el ganado que pasta alrededor de la fábrica, comer en el restaurante local, merendar con Palmira, dormir en una masía del siglo XII, pasear por Girona helado en mano, conocer Besalú y Banyoles.

 

 

 

 

 

 

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